Es el post que más me ha dolido escribir desde que inicié este BLOG, hasta puede ser que lo borre.
Ayer tuve un diálogo con mi padre que todavía me remueve por dentro. En un momento de sinceridad o mas bien de arrebato, le dije que gran parte de la culpa de mi síndrome del impostor era suya. No se lo eché en cara, ni lo dije desde el rencor, simplemente necesitaba expresarlo. Crecer bajo su mirada crítica me hizo sentir durante muchos años que nada era suficiente, que siempre faltaba algo para estar a la altura y que estaba perdiendo el tiempo en "mis tonterías". Esa herida aún me acompaña.
Lo curioso es que nunca le había contado con detalle lo bien que me ha ido en los últimos años la vida gracias al mercado bursátil. Para él, siempre fui alguien que soñaba demasiado y se arriesgaba más de lo debido. Quizás por eso, cuando le hablé de mi situación actual, noté en su mirada un gesto de incredulidad. No lo creyó. Así que, en un impulso, decidí mostrarle una de mis cuentas cuna las que opero. Allí estaba, una cifra de siete números que no dejaba lugar a dudas y mi último pago a la AEAT, su cara cambió. Por primera vez sentí que me miraba con una mezcla de asombro y respeto.
A pesar de ello, sigo trabajando en una fábrica. No por necesidad, sino porque he estado acostumbrado a hacerlo toda mi vida. Sin embargo, cada vez tengo más claro que quiero dejarlo. Si no lo hago es porque que estoy muy cerca de alcanzar los 35 años cotizados, un hito que me daría una tranquilidad extra de cara al futuro. Sería un error desaprovecharlo, y lo sé. Pero también sé que la vida pasa volando y que hay un momento en el que uno debe decidir vivir a su manera.
Ese choque entre lo que me inculcaron y lo que realmente he conseguido es lo que me empuja a reflexionar. Durante años creí que no era suficiente, pero los números cuentan otra historia. Y aunque a veces el síndrome del impostor quiera imponerse, poco a poco aprendo a reconocerme como lo que soy: alguien que ha luchado, que ha tenido aciertos y errores, pero que ha logrado construir una vida que merece ser vivida en plenitud.
Hoy siento que lo material ya no es lo que me mueve. He alcanzado un punto en el que las necesidades están cubiertas, y eso me da una enorme libertad. Ahora lo que busco es tiempo: tiempo para mí, para los míos, para vivir sin prisas. El dinero seguirá llegando, porque sé que el mercado forma parte de mí y no es un obstáculo. Pero el tiempo... ese es el verdadero tesoro que no quiero dejar escapar.
Todo eso que escribes me suena mucho
ResponderEliminarSiempre confié en ti y te lo dije muchas veces!
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